Rubén Darío nació en una pequeña ciudad nicaragüense llamada Metapa, pero pasado un mes desde su nacimiento pasó a residir a León, donde su madre(Rosa Sarmiento) y su padre(Manuel García) se casaron. No pasaría mucho tiempo y Darío tendría una hermana, además, su madre se enamoraría de un tal Juan Benito Soriano, con el que se fue a vivir a una casa en bastante mal estado en medio del campo, llevando con ella a su hijo con ella.

No obstante, Darío volvería pronto a León y pasó a vivir con sus tíos(Bernarda Sarmiento y el coronel Félix Ramírez), los cuales perdieron recientemente a una niña y lo acogieron como sus verdaderos padres. Darío solía ver muy poco tanto a su madre, a quien desconocía, como a su padre, por quien siempre sintió desapego, hasta el punto de firmar sus primeros trabajos escolares como Félix Rubén Ramírez.
La casa del coronel Félix Ramírez era un lugar donde se solían realizar tertulias que congregaban la intelectualidad del país; en este ambiente de cultura fue donde creció el, todavía infante, Rubén Darío. El poeta ya sabía leer a los tres años y que a los seis empezó a leer obras de autores clásicos; a los trece ya era conocido como poeta, y a los catorce concluyó su primera obra.
Durante sus primeros años estudió con los jesuitas, a los que dedicó algún poema cargado de invectivas y motejándolos de “endriagos”.
Antes de cumplir quince años, cuando comenzó a enamorarse de Rosario Emelina Murillo, la única que de verdad le causó “dolores de cabeza”, y pronto manifestaría sus deseos de contraer matrimonio con ella en su obra “Emilia”. Sin embargo, sus amigos y parientes conspiraron para que Darío abandonara la ciudad y terminara de crecer sin incurrir en irreflexivas precipitaciones.
En agosto de 1882 el escritor se encontraba en El Salvador, y allí fue recibido por el presidente Rafael Zaldívar. Además, le confesó a este mismo que lo único que deseaba era tener una buena posición social.
En este episodio de su vida, Darío expresa sin tapujos sus ambiciones burguesas, que vería dolorosamente frustradas y por cuya causa habría de sufrir todavía más insidiosamente en su ulterior etapa chilena. En chile conoció también al presidente, José Manuel Balmaceda, además que entabló amistad con su hijo, Pedro Balmaceda Toro.
En su etapa chilena escribió la obra Abrojos, libro de poemas que muestra su triste estado sentimental que ni un romance con una chica llamada Domitila conseguiría calmar. Como su familia era como los Darío, el joven escritor, en busca de eufonía, había comenzado a firmar como Rubén Darío, pseudónimo que adoptaría definitivamente.
Para un concurso literario convocado por Federico Varela escribió “Otoñales”, que obtuvo el octavo puesto de las 47 obras que se presentaron. Y “Canto épico de las glorias de Chile”, por el que le dieron el primer puesto.
Pero fue en 1888 cuando la auténtica valía de Rubén Darío se dió a conocer por la publicación “Azul”.
El 21 de junio de 1890, Darío contrajo matrimonio con una mujer con la que compartía aficiones literarias, Rafaela Contreras. Más tarde, con motivo de la celebración del cuarto centenario del descubrimiento de América, vio cumplidos sus deseos de conocer el Viejo Mundo al ser enviado como embajador a España.
El poeta desembarcó en La Coruña el 1 de agosto de 1892, precedido de una celebridad que le permitiría establecer relaciones con las principales figuras de la política y de la literatura española, pero desafortunadamente, su felicidad se vio ensombrecida por la repentina muerte de su esposa el 23 de de enero de 1893.
Precisamente en estado de embriaguez fue poco después obligado a casarse con la que fue amante en su adolescencia, Rosario Emelina Murillo, quien le hizo víctima de uno de los más truculentos episodios de su vida. Al parecer, el hermano de Emelina, sabiendo que esta estaba embarazada, amenazó a Darío con matarlo si no contraía matrimonio con ella.
Naturalmente, el embaucado tuvo que resignarse ante los hechos, pero no consistió en convivir con el engaño, y en adelante sería perseguido por su pérfida y abandonada esposa buena parte de su vida. Darío conoció en Madrid a una mujer de baja condición física, Francisca Sánchez, la criada analfabeta de la casa del poeta Francisco Villaespesa. Con ella viajará a París a principios de siglo.
Se inicia entonces para él una etapa de viajes (Italia, Inglaterra, Bélgica, Barcelona…) y es entonces cuando escribe sus obras más famosas: “Cantos de vida y esperanza”(1905), “El canto errante”(1907), “El poema de otoño”(1910) y “El oro de Mallorca”(1913). Por otra parte, el muchacho que quería alcanzar una «buena posición social» no obtuvo nunca más que el dinero y la respetabilidad suficientes como para vivir con frugalidad y modestia
Al final de su vida, el autor de “Azul” no estaba en disposición de favorecer a sus amigos más que con su pluma, cuyos frutos en muchos casos no le alcanzaban ni para pagar sus deudas, pero ganó, eso sí, el reconocimiento de la mayoría de los escritores contemporáneos en lengua española y la obligada gratitud de todos cuantos, después de él, han intentado escribir un alejandrino en este idioma. En 1916, al poco de regresar a su Nicaragua natal, Rubén Darío falleció, y la noticia llenó de tristeza a la comunidad intelectual hispanohablante.
Su estancia en Mallorca
Darío llegó por primera vez a Mallorca en el invierno de 1906, y se quedó durante un año. Su casa se convirtió en el centro de reunión de políticos, pintores, escritores y periodistas. Más tarde, el escritor se marcharía, sin embargo volvería en el año 1913, pero en este viaje se instalaría en la cartuja de Valldemossa.
A pesar de que su estancia en Mallorca no es muy larga, representa un momento de producción literaria muy importante en su vida. Llegó a crear una gran cantidad de obras además de que fueron de gran importancia. Algunas de sus obras eran dedicadas a la isla, así como “Epístola a la señora de Leopoldo Lugones”, los poemas “Canto a la Argentina” y “La isla de oro”(refiriéndose a Mallorca), y otros. Además hizo dos obras autobiográficas: “El oro de Mallorca”(1913) y “La vida de Rubén Darío escrita por él mismo”(1914), donde relata los últimos años de su vida, presentando ya un alcoholismo así como varias enfermedades.
Además, el autor nos revela cómo se sentía cuando contemplaba la isla desde la colina donde estaba situada la casa en la que habitaba en el poema “Vésper”.
Una de sus obras hechas en Mallorca, “El oro de Mallorca” es una autobiografía novelada, pero que no llegó a acabar. El protagonista, Benjamin Itaspes, es el personaje bajo el que se esconde el autor.